La fotógrafa de lo cotidiano

El trabajo de Vivian Maier no vio la luz hasta el año 2007.

La exquisitez y cotidianeidad de las imágenes captadas por esta fotógrafa desconocida han cautivado a medio mundo.

Hasta hace poco Vivian Maier era una completa desconocida. A pesar de que durante algo más de tres décadas Maier se dedicó a retratar exhaustivamente todo lo que la rodeaba, nadie había visto nunca su trabajo. Y eso que la calidad de sus imágenes es comparada con las del mítico fotógrafo Harry Callahan.

La grandeza de Vivian Maier fue su enorme capacidad para captar lo cotidiano dotándolo de un aura de magia y ternura. Maier retrataba con su cámara instantes robados de las ciudades que visitaba, así como de las gentes que vivían en ellas. Se las ingeniaba para dignificar a cada una de las personas que aparecían en sus encuadres, ya fuesen ricas señoras de Nueva York o mendigos de los barrios más pobres de Chicago. Sus imágenes ofrecen un aura de vulnerabilidad, orgullo, fragilidad y nobleza.

La grandeza de Vivian Maier fue su enorme capacidad para captar lo cotidiano dotándolo de un aura de magia y ternura.

Lo que más sorprende de su trabajo es que, a pesar de no contar con ningún tipo de estudios de fotografía previos, sus imágenes están dotadas de un instinto y una sofisticación poco comunes. Maier retrataba la euforia de la vida, reflejada en fiestas y escenas cotidianas, pero también plasmaba las desigualdades sociales y los momentos de conflicto.

No era una persona de carácter especialmente sociable, sino que más bien era retraída, solitaria y metódica, lo que resulta especialmente chocante al ver la sensibilidad y la capacidad de conexión que tenía con las personas a las que fotografiaba.

Una caja de negativos

john_maloof
John Maloof

Sus imágenes nunca habían visto la luz hasta que en 2007 un joven llamado John Maloof adquirió por 400 dólares una caja llena de sus negativos y fotografías en una subasta de muebles y antigüedades. Las imágenes formaban parte de una de las cajas de un almacén de alquiler cuyo contenido había sido requisado por falta de pago. Maloof se interesó por las imágenes porque por entonces estaba trabajando en un libro ilustrado sobre el barrio de Portage Park, en Chicago. No encontró ninguna imagen sobre Portage Park, pero en su lugar descubrió a una de las fotógrafas más fascinantes del siglo XX.

Atraído por las cautivadoras imágenes de Maier, creó un blog en el que poco a poco fue subiendo una selección de las fotografías. Maloof desconocía el nombre del autor de las imágenes, puesto que en las instantáneas que incluían algo de información sólo estaba anotado el año y/o la ciudad. La casa de subastas le había indicado que el propietario de los objetos subastados estaba gravemente enfermo, así que Maloof lo dejó correr.

Maier aprovechaba sus días libres para recorrer las calles de la ciudad y fotografiar todo lo que se ponía por delante con su Rolliflex.

No obstante, se dedicó a buscar a otros compradores que había adquirido más cajas con negativos de Maier en la misma subasta en la que él había conseguido los suyos para así poder comprárselos y aumentar así su archivo sobre aquel fotógrafo desconocido.

Finalmente, en 2009 encontró el nombre de Vivian Maier escrito a lápiz en un sobre de laboratorio fotográfico que contenía más imágenes y que acababa de adquirir. Así que hizo lo que todo el mundo haría, buscó su nombre en Google. Desgraciadamente la única información que puedo encontrar fue la esquela de Vivian, colgada en internet apenas unos días antes de que Maloof decidiese investigar más sobre ella.

La fotógrafa desconocida

vivian_maier
Autorretrato de Vivian Maier.

Poca información se conoce sobre Maier y su vida. Se sabe que nació en Nueva York en 1926, de ascendencia francesa y austro-húngara, y que vivió unos años en Francia hasta su vuelta a Estados Unidos en 1951. Cuatro años más tarde se mudó a Chicago, donde estuvo trabajando de niñera durante más de cuatro décadas.

Maier aprovechaba sus días libres para recorrer las calles de la ciudad y fotografiar todo lo que se ponía por delante con su Rolliflex. Nunca compartió sus fotografías con nadie. La mayoría ni siquiera las vio ella misma.

Maier pasó los últimos años de su vida en medio de enormes dificultades económicas, si bien tres de los niños a los que había cuidado siendo pequeños, recordando en ella a una segunda madre, le pagaron un apartamento y le prodigaron cuidados. Sin que ellos lo supiesen, el contenido de uno de los almacenes de alquiler en los que Maier había estado guardando sus pertenencias salió a subasta por falta de pago en 2007. En ese almacén estaban todo el trabajo fotográfico que celosamente había ido atesorando a lo largo de los años. Vivian Maier murió en Chicago el 21 de abril de 2009.

El legado de Vivian Maier

Maloof tiene actualmente más de 100.000 negativos pertenecientes a Maier, de los cuales alrededor de 30.000 (principalmente de las décadas de 1960 y 1970) estaban todavía sin revelar cuando los adquirió en 2007. A esto se le unen otros casi 600 rollos de negativos en color que tampoco estaban revelados. En la mayoría de los negativos que sí estaban revelados, Maier había anotado a lápiz en francés la fecha y nombre de la ciudad en la que estaban tomados.

Maier documentó minuciosamente con sus imágenes sus viajes por Estados Unidos, Europa, Asia, África y Sudamérica.

El archivo fotográfico de Maier es todavía más extenso de lo que parece. En 2010 el coleccionista Jeff Goldstein adquirió una primera colección de 57 fotografías pertenecientes a Maier por las que un comprador había pujado en la misma subasta que Maloof. Investigando más acerca de ella, Goldstein descubrió que había otra persona, además de Maloof, que había adquirido una gran parte del trabajo de la fotógrafa. Goldstein se puso en contacto con él y consiguió comprarle su parte de la colección, que hoy en día contiene cerca de 15.000 negativos, 1.000 fotografías impresas y una treintena de películas caseras. En ellas, Maier retrató sus años en Europa antes de mudarse a Nueva York en 1951, así como la vida en Chicago desde 1955 hasta la primera parte de la década de los 70.

Su curiosidad y su espíritu aventurero traspasaron fronteras, y Maier documentó minuciosamente con sus imágenes sus viajes por Estados Unidos, Europa, Asia, África y Sudamérica, creando así un diario visual de todo aquello que captaba su atención y que ha resultado ser un reflejo inmejorable de una sociedad que a nosotros ya se nos antoja lejana.

Artículo publicado originalmente en Paperfront Magazine el 8 de enero de 2012.

Periodismo | Comunicación | Social Media

2 Comentarios

  1. Vanessa
    marzo 31
    Responder

    Me ha parecido un artículo muy interesante sobre una persona que no conocía de nada. Su manera de introducirla es casi como una de las imágenes de la propia Maier. Me alegra que estos trabajos salgan a la luz porque muchos se quedan acumulando polvo o son destruidos cuando son verdaderas obras de arte.

    • Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado. Por desgracia el trabajo de Vivian Maier no es muy conocido en España, pero espero que poco a poco la gente vaya descubriendo la belleza de sus fotografías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *