Un yeclano en la ruta Jacobea

Habiendo cumplido los 70, Teófilo Martínez Ruiz culminó el camino de Santiago en bicicleta en cinco ocasiones, entre 1998 y 2002. Su nieta, estudiante de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid y colaboradora de El Faro, recuerda esta semana la figura de su abuela Teófilo a través de este artículo escrito entre la crónica periodística y la nostalgia.

Mi abuelo se llamaba Teófilo Martínez Ruiz, aunque la gente de Yecla lo conocía por el sobrenombre cariñoso de ‘caracol’. Quizá a algunos de los lectores no les diga mucho, pero para mi familia y para mí fue un hombre importante. Es precisamente en estas fechas, con la cercanía de la festividad del apostol Santiago, cuando más me acuerdo de mi abuelo. Y es que él llevó a cabo la ruta Jacobea en bicicleta en cinco ocasiones, entre 1998 y 2002. Esto no tendría más importancia de la habitual si no fuese porque la primera vez que se embarcó en esta aventura acababa de cumplir 72 años.

Cuando allá por las navidades de 1998 nos comentó que tenía intención de hacer el Camino de Santiago durante el verano del año que entraba, todos en mi familia le dijimos que estaba loco. Pero por mucho que intentamos disuadirlo, él no cambió de idea. Y es que, si algo caracterizaba a mi abuelo, era su enorme testarudez y su fuerte caracter. Así que, con ayuda de Miguel Cerezo, organizamos su primera peregrinación.

Mi ‘abuelito’ Teófilo, como lo llamábamos sus nietos, no era un hombre religioso, pero quería hacer el Camino para pedirle al Santo por mi prima Ana Belén, que está enferma desde hace ya muchos años.

En este primer viaje a Santiago de Compostela puso tanto empeño e ilusión por cumplir su promesa, que llegó a la ciudad del Apostol casi tres días antes de lo previsto. Cuando fuímos a recogerlo a Santiago nos sorprendió ver cómo la gente de los albergues del Monte do Gozo lo saludaban a cada paso que daba. Era como si todo el mundo lo conociese.

Después de esa primera experiencia, mi abuelo viajó a Santiago cuatro veces más, cada vez abarcando más distancia, durmiendo a la intemperie cuando los albergues estaban llenos y viajando por las rutas menos transitadas por los peregrinos. Mi ‘abuelito’ Teófilo se convirtió en un personaje popular entre la gente que hacía el camino habitualmente, y es por ello que apareció en diversas ocasiones en los medios de comunicación de Galicia y Burgos.

Mi abuelo murió en enero de 2003, cuando yo tenía 17 años, una edad en la que ya eres consciente de muchas cosas. Su muerte me marcó por muchos motivos, pero sobre todo porque fue entonces cuando me di cuenta de que ciertos puntos de mi carácter y mi forma de ser los heredé de él.

Lo que más recuerdo de mi abuelo era su idependencia, su carácter serio y cerrado. No era un hombre cariñoso, pero con su promesa al hacer el camino comprobamos que nos quería a su manera. Siempre tenía un puro en la boca e iba en bicicleta a todos lados. Cuando no estaba en su campo arreglando su huerta y sus cosas, pasaba los ratos haciendo labores de esparto. Le encantaban las películas del Oeste, las novelas de Marcial Lafuente Estefanía y El Equipo A. No era especialmente creyente, pero salió de ‘cargaor’ durante muchos años y se le humedecían los ojos cada vez que veía a la Virgen del Castillo.

La gente que lo conocía lo apreciaba mucho, tal y como demostraron todos sus amigos que abarrotaban la Purísima el día de su entierro. Estoy segura de que todos le seguiremos recordando durante muchos años más.

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Artículo publicado originalmente en El Faro de Yecla el 27 de julio de 2006.

Imagen: flickr.com/photos/martius/7845659590/

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