Una vida dedicada a la feria

El yeclano Pedro Antonio Martí Román estuvo más de 70 años dedicado al mundo de la feria, 50 de los cuales pasó al frente de la atracción de los ‘caballitos’, una de las más tradicionales de la Feria de Yecla. Desde estas paǵinas se le rinde un homenaje póstumo.

El pasado mes de julio falleció en Yecla a los 95 años de edad Pedro Antonio Martí Román, el que durante muchos años fuera propietario de la tradicional atracción de los ‘caballitos’, que ha pertenecido a su familia desde hace más de cuatro generaciones.

Pedro Antonio Martí Román nació en Caudete en 1910, aunque se trasladó a vivir a Yecla con su familia siendo muy pequeño. Sus padres se conocieron en Caudete a principios del siglo XX. Su madre era una yeclana proveniente de una familia de feriantes, y su padre un carpintero caudetano. Cuando se casaron, su padre abandonó la carpintería y se unió a la familia de feriantes de su mujer, porque eran malos años para el negocio de la madera y en la feria se ganaba más dinero. Es por ello que Pedro Antonio ha estado en este mundillo toda su vida, desde el momento en que nació.

En la década de los 40 conoció a Ana Santa Martínez, con la que se casó un tiempo después. El matrimonio tuvo dos hijos, que hasta la fecha siguen continuando con la tradición familiar: su hijo José está al frente de los ‘caballitos’, y su hija Remedios regenta la atracción del Scalextric. José recuerda que “salíamos de Yecla para el periodo de feria después de Semana Santa y no volvíamos hasta pasadas las Navidades. Cuando yo viajaba con mi padre siendo pequeño llegábamos a Bailén, a Jaén, a Úbeda, a toda esa zona de Andalucía. Después nos dedicábamos únicamente a los alrededores de Valencia y Alicante. De lo que yo más me acuerdo es de ir a Elda, Alicante, Valencia, Pinoso, Jumilla, Caudete, Tobarra,… Eso sí que era feria de verdad, se salía con las cosas cargadas en un camión, y antiguamente incluso con carros o mandando cosas en la Renfe. Antiguamente no era como hoy en día que hay caravanas de 60 metros cuadrados, insonorizadas y con aire acondicionado. Antes había que llevar el agua con cubos, se tenía que lavar a mano, no había servicios… Eran unas condiciones muy precarias”.

Los ‘caballitos’ han sido una atracción que ha ido pasando de padres a hijos. Cuando Pedro Antonio se casó tenía una caseta de pim-pam-pum que estuvo regentando durante casi 20 años. Cuando su padre finalmente se jubiló, él fue quien se quedó con los ‘caballitos’, pues sus hermanos ya tenían otras atracciones. Pedro Antonio se retiró y se vino definitivamente a Yecla a mitad de la década de los 80, y fue su hijo José quien pasó entonces a estar a cargo de la atracción.

Sus hijos definen a Pedro Antonio como “un hombre tranquilo, que nunca discutía con nadie. No tenía muchas aspiraciones y por eso vivió tantos años. Él se limitó a vivir cómodamente, a comer y a criarnos a nosotros dos. Pero también tenía mucho caracter, si le hacías mucho la contra te mandaba a paseo. Era un hombre antiguo, de costumbres antiguas, pero no era mala persona. Le gustaba el dinero, pero no tenía afán por ganar mucho. Él siempre decía: ‘Como gano poco, no tengo que gastar mucho’. Era un feriante nato”.

Pedro Antonio era una persona muy mañosa que siempre reparaba él mismo sus cosas. Puesto que su padre pertenecía a una familia con larga tradición en el sector de la carpintería, era el propio Pedro Antonio quien se hacía los caballitos de su tiovivo. Los tallaba, los pintaba y luego los decoraba a su manera. Incluso llegó a fabricar un aparato muy rudimentario utilizando un motor de una lavadora con el que hacía los palillos de algodón de azúcar que luego utilizaban sus nietos en su puesto de golosinas de la feria.

Su hijo José explica que “lo que más he echado de menos este año es que no ha venido a ver cómo montábamos los ‘caballitos’. Antes siempre venía andando con su garrote desde la calle San José, donde vivía, y solía decirme si tenía que cambiar alguna pieza o cómo debía montar algo. Luego, cuando la feria ya estaba abierta, bajaba y se quedaba mirando la atracción, subía cuando no había niños y examinaba los caballos uno a uno, y luego me decía: ‘A éste se le mueve una patita, éste deberías pintarlo porque está un poco desgastado, tienes que cambiar estos cristalitos, que están ya muy estropeados…'”.

Sirvan estas líneas como merecido y póstumo homenaje a un hombre que dedicó toda su vida a hacer felices a los más pequeños.

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Artículo publicado originalmente en El Faro de Yecla el 22 de septiembre de 2005.

Imagen: flickr.com/photos/beatxm/6540255263/

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